Paranoia inducida

 Paranoia colectiva inducida


¿Qué hay detrás de ese interés de todos los gobiernos de la UE por inducir a la gente que compren coches eléctricos?

Desde hace unos años se ha puesto de moda los vocablos ecológico, verde y sostenible. Grandes empresas empujan a los gobiernos para que prohíban la circulación  por sus carreteras de  coches de combustión interna, incluso  híbridos, para que sus siervos, queremos decir sus ciudadanos, adquieran costosos e inoperantes coches eléctricos. 

Culpan al parque automovilístico europeo  del alto índice de contaminación y del calentamiento global y de todo ese sursum corda. Jamás mencionan que un crucero atracado, por ejemplo, en el puerto de Barcelona emite en una hora más CO2 que 87.000 coches circulando por sus calles. Que los 47 cruceros que navegan por los mares europeos, durante las vacaciones, contaminan en un día igual que los 260 millones de coches que circulan por las carreteras de la  UE .

 Como es imposible idear y menos  aún fabricar motores eléctricos para estos monstruos marinos nadie se opone a la contaminación de buques y navíos; los supercontenedores que navegan por todo el mundo contamina más, en un mismo tiempo, que los 760 millones de coches que hay en todo el mundo.

No mencionemos la contaminación del aire por los aviones comerciales ni por las centrales térmicas, abundantísimas y que por ahora  son necesarias en países donde no hay otro tipo de energía alternativa.

Pasemos a analizar esa "recomendación" de los gobiernos para que se cambie el coche tradicional por  coches eléctricos. Un coche  100% eléctrico es mucho más caro que uno de combustión interna y su autonomía es limitadísima, en los mejores vehículos es de unos 300 km. Si un conductor ha de ir de Sevilla a Madrid tiene que parar cerca de Valdepeñas para recargar el coche que tarda unas doce horas, si es una carga lenta o de 15 minutos si es una carga rápida, muy perjudicial para las carísimas baterías de litio. Y si en el punto de recarga hay diez coches esperando se supone que el sevillano ha de esperar 150 minutos, dos horas y media. Tardando en el trayecto una barbaridad. 

  Nos preguntamos qué poder tendrán las compañías eléctricas cuando todos los vehículos privados sean 100% eléctricos. Subirán la tarifa cada vez que le apetezca con la connivencia de los gobiernos de turno sabiendo  estos la cantidad de impuestos que recibirán del consumidor. 

Hasta que un coche eléctrico no tenga una autonomía de al menos 1.000 km y la humedad y el agua  no sean motivos de frecuentes avería de esas costosas baterías el vehículo en cuestión será una tomadura de pelo. Quizá para la ciudad será viable como ya se demostró a principios del siglo XX en algunas ciudades americanas, pero para hacer largos viajes o llevar pesadas cargas es todavía una entelequia. Por favor no vendernos el humo si no podemos antes calentarnos en la lumbre. 


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