A modo de ensayo

Cuando un Dictador se considera un Dios

 La figura del dictador siempre llamó la atención de la gente al ser considerado éste como un ser repulsivo y maníaco. Las dictaduras actuales se alejan mucho de aquel buen dictador romano llamado Cincinnato que tras expulsar a los invasores bárbaros no se aprovechó de la gran oportunidad para quedarse como Imperator y decidió en su lugar volver  a su finca a trabajar la tierra.

No, la figura de un dictador contemporáneo es la de un hombre cruel cuando le contradicen y amable hipócritamente con sus aduladores. Este tipo de dictador se considera omnipotente, un semidiós, un elegido, que cree ser omnisciente.

Por otra parte lo peor de los dictadores son sus obsesiones personales, todos sufre un T.O.C. acusado, unos son unos obsesos sexuales, como bien nos explica Vargas Llosa en su novela La Fiesta del Chivo, que por cierto se puede ver la película gratis en Youtube. 

El Excelentísimo don Rafael Trujillo lo mismo forzaba a la hija adolescente de un ministro que a la esposa de un almirante y además se jactaba de ello. Otros dictadores le encantaba diseñar sus uniformes recargados de lentejuelas y adornos. Aunque los peores son aquello que creen estar llamados para forjar un imperio en pleno siglo XXI. Una idea trasnochada y enfermiza.

Volviendo a la novela de mi admirado Vargas Llosa "La Fiesta del Chivo" donde se  describe la dictadura de Trujillo (1891-1961) y las barbaridades que cometió durante su largo período, 30 años, en el gobierno creyendo siempre que él tenía la verdad y la razón. Sin lugar a duda sufría un Trastorno Obsesivo Compulsivo que era, entre otros, acostarse cada noche con una mujer diferente. Esa conducta anormal e inhumana era coreada por sus colaboradores hasta que pisó la raya. Y precisamente fueron sus propios colaboradores los que urdieron un plan para eliminarle  como así sucedió. 

Estos psicópatas creen que llevan la razón porque sus adláteres se le dan a cambio de beneficios. Pero cuando estos jaleadores ven que hay confusion mental y un exceso de delirio de grandeza que puede perjudicar a sus intereses envían a los pretorianos a liquidarlo. 

La rueda del Karma funciona, nunca hay que creerse un ser invencible ni menos aún sentirse un dios.

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