¡Nos vamos a Polonia!

¡Nos vamos a Polonia!  (Un cuento)


Adela y Jacinto, dos sin-techo, ambos okupas del caserón de los Infantes, refugio de la hez de la ciudad, se conocieron en la cola del comedor social y congeniaron. Adela a sus 36 años de edad, de aspecto guarrindongo pero aún de buen ver si se lavara y se cambiara los harapos y él, Jacinto, el cerebrito, incapaz de aguantar en ningún trabajo más de dos meses y ahora viviendo del  trapicheo. 

Jacinto ponderaba sobre la vida de los pringadillos y sentenciaba  que en esta vida había que usar la masa gris más que las manos para poder vivir. Que su plan no podía fallar, que con suerte vivirían como unos señores allá en Polonia.


-Entonces - dijo Adela a su compañero mientras daba una fuerte calada al porro- nosotros somos miembros de la Cofradía Dios es Cristo, cogemos la furgo de tu hermano, la llenamos de rollos de papel higiénico y marchamos a Polonia, frontera con Ucrania, para entregar la donación y nos quedamos allí para trabajar de voluntarios ¿así de fácil? 

- Más o menos. No hay que complicarnos más. Mi hermano está en casa a punto de endiñarla por mor de este virus, que le dio de lleno.  La furgo usada que él compró para trabajar como repartidor está revisada y la guarda un colega en un cocherón. El dinero para comprar los rollos de papel y para los gastos nuestro viaje lo tengo resuelto. Se donde guarda la vieja la guita.  Mañana te lavas y te cambias entera en el Corte Inglés, no es la primera vez que lo haces. Una vez que nos vistamos decentemente, nos colocamos estos escapularios de nuestra hermandad y al toro.


-Cari, tira muy bien esta combi. Parece nueva. ¿Cuánto nos queda para llegar ?

-Un día o algo menos. Vamos en plan legal, tu llevas tu DNI y yo llevo todos los papeles de mi hermano, que como somos  iguales de feos no se diferencia la foto de él de mi careto.  Todo ha de estar en regla. Somos unos buenos voluntarios que vamos ayudar a los refugiados ucranianos en Polonia. Debemos hablar poco y poner cara de gilipollas. Esa es la fórmula para triunfar en nuestro proyecto.


-Buenas tarrdas, yo soy el intérprete de español. Gracias por ayudarnos y veo que sois católicos como yo, como nuestra ONG. Os llevaremos al hotel para que descanséis. En Aniol, en este pueblo, ayudamos a nuestros hermanos del otro lado. No olviden que a las siete será la cena.

-Joder, tío, que hotel más bueno y qué limpio y como huelen las sabanas y con una cama de matrimonio, como dijimos estábamos casados. 

-¿Que te dije, Adela, que nuestra vida cambiaría nada más comenzar esta aventura. Hay que saber esperar y saber estar. Sonrisitas y miradas bajas. Con recato.

-Adios a aquella maloliente casa okupada, adiós a la cola para comer en Caritas, adiós al miedo a caer en manos de la policía por tener unos petardos en el bolso, aquí seremos personas de bien al menos hasta  que acabe la guerra, aunque aquí hay tajo para rato y más trabajo que habrá allí cuando todo se reconstruya.  

A los dos años de la llegada de Adela y Jacinto a Polonia, la sociedad entre ambos se disolvió como habían acordado. Ella se amancebó con un gaznápiro, de profesión tendero, y se fue a vivir  a Alemania con él. Jacinto, se hizo famoso en la ONG polaca y ahora dirige una rama de esta organización para la reconstrucción  del país devastado. Es todo  un señor, de sonrisa dulce y con esa  cara de pan que tanto engaña, Jacinto  mantiene su lema: La vida es como viene, no como dicen que es. 


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