Un viaje por el Pirineo de Cataluña.

Un viaje por el Pirineo de Cataluña (1989)


Jacinto es un viajero curioso que todas las primaveras, en su época activa, tomaba diez o doce días de sus vacaciones de verano para viajar, en primavera, junto con su esposa Adela, por Comarcas elegidas de toda España.

Jacinto, ya jubilado, me escribió:

"Desde Granada salimos hacia Valencia llegando hasta la Puebla de Don Fadrique  para meternos por la carretera comarcal hacia Caravaca. Entonces no había ninguna autovía construída que facilitara el trayecto.

Llegamos a la capital del Turia y nos registramos en un hotel recién estrenado. Viajar por placer se hace sin prisa ni incomodidades. Después de la comida y la sacrosanta siesta nos arreglamos y marchamos a pasear por la bella ciudad de Valencia; nos metimos en un cine de estreno, tras la merienda, para ver Gorilas en la Niebla. 

Al día siguiente llenamos el depósito del coche y tomamos la autopista A-7 con dirección a Lérida. Pasando por un viaducto sobre el río Ebro, creo que cerca de Tortosa, un viento lateral casi nos sacaó de la autopista. Nuestro centro de operaciones para visitar el Pirineo leridiano era el Pont de Suert.

 Yo - explica Jacinto- por entonces era aficionado al Arte Románico, así que disfrutamos de los lindo visitando las iglesias rurales de este estilo que abundan en los valles de Boí (Bohí), de Tahull y de Arán. Me encantaba el sonido de  los nombres medievales que hallé: Castelló de Tor, Llesp, Coll, Eric la Val, Tahull...

Recuerdo que paramos a comer en un bonito restaurante en el valle de Boí y el propietario del mismo cuando vió la matricula de Granada nos dijo que él era de un pueblo granadino que emigró en los años 60 a Cataluña. Allí se casó y montó este negocio.Nos dijo: como en primavera no hay por aquí mucho turismo hoy tenemos para comer solo chuletas de cordero a la brasa con ensaladilla de pimientos, vino del Penedés y pan de no se qué lugar. Un banquete a toda regla de carne de cordero pirináico, que es blanda y dulce y por supuesto, excelente.

Tras varios días por la Comarca decidimos reemprender nuestra ruta. Desde Pont de Suert nos dirigimos a la Seo de Urgell por una bella carretera que pasa por el Alto d'Viu y  después baja paralela al tumultuoso rio Noguera Pallaresa, el paisaje era espectacular. Subiendo por el Puerto de l'Orri, atravesando un tupido y solitario bosque, encontramos en mitad del asfalto un urugallo atropellado recientemente.

En la Seo hicimos un alto, paseamos y visitamos la catedral románica. Dejamos en el hotel las maletas y nos dirigimos a Andorra; aparcamos frente al centro comercial Andorra 2000 y allí compramos varias cosas, entre ellas unas fijaciones para los esquíes de mi hija que eran algo más barata que en Granada.

Otro día marchamos hacia Puigcerdá donde paramos en el Hotel del Lago, un lugar bellísimo y bien cuidado, para visitar después a mi hermana que vivía en Bourg Madame, en la raya francesa. Desde allí visitamos el enclave español de Llivia que está en territorio francés. Una curiosidad a tener en cuenta.

Nos dijeron que la Collada era una carretera solitaria y muy revirada y bastante peligrosa para ir a Ribes de Fresser. Pero yo confiaba en mi pericia conduciendo y en mi fiel Lada Niva 4x4 que era fiable y más duro que el pellejo de breva.


Recuerdo que  en el hotel de Ribes pregunté al conserje si sabía algo sobre los enanos de Ribes, de principios de siglo 20. Se enfadó y me dijo que "aquí" nunca hubo enanos. En realidad viajamos a Ribes para subir en el tren cremallera al Vall de Nuria donde conocimos a un matrimonio catalán, que también estaban de viaje de placer por motivo de su boda de plata. Eran muy simpáticos y gratos de tratar; comimos los cuatro en Nuria y la sobremesa se prolongó casi al tiempo de coger el ultimo cremallera hacia Ribes.

Nuestra ruta del románico nos dirigió a Ripoll para ver la preciosa portada de su monasterio. A pesar de estar bastante deteriorada es sencillamente magistral, bellísima. Salimos de la ciudad de Ripoll, pasamos junto al lago de Bañolas y nos dirigimos a Blanes para visitar a mi hermana Beatriz.

Al día siguiente hicimos una corta y peligrosa excursión desde Lloret del Mar a Tossa agenciando 160 curvas cerradas en tan solo 12 km. Una odisea. El paisaje por esta cornisa de la Costa Brava era magnífico, según me dijeron porque yo no podia levantar la vista del asfalto.

Volvimos a Blanes para tomar, al día siguiente, la autopista del Mediterráneo con dirección a Valencia. Pasar noche en Alcudia y volver a Granada.

Viajar por placer es... un placer! Abre la mente y estimula los sentidos."

Esto nos explicó Jacinto y su esposa Adela, viajeros y conocedores de las principales Comarcas de España.  


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