El picor (Un cuento sarcástico)

 El picor

(Un cuento que hace pensar)


Era el Día Nacional de Urcambo. Un país enclavado en la no-Europa.

Las fuerzas armadas y los reresentantes de las diferentes etnias del país desfilaban ante un alto estrado donde se encuentraba, en posición de firmes, el Líder.

 Un desfile que duraría más tres horas. Todo amenizado por una chirriante música emitada por potentes altavoces a lo largo del recorrido.

El Líder representaba a una escultura humana, inmóvil, tiesa y  castrense. Su mano izquierda apoyada sobre la empuñadura de su espada y la mano derecha saludando militarmente a la cabalgata. Sin moverse, sin apenas pestañear. Había que demostrar que él estaba hecho de otra pasta, que era el salvapatria. Todo un héroe.

Estoy hasta la coronilla de esta farsa, pensaba el Líder mirando a un grupo de indito emplumado y gritando pamplinas étnicas. En una tribuna adyacente, se encontraba la Lideresa, la Emperatriz como se hacía llamar . La esposa del soldadito que estaba  disfrazado con parafernalias militares decimonónicas. Yo, pensaba la dama, estoy hasta el moño de esta simpleza. Tanta vulgaridad, todo tan kitsch. Con lo bien que estaría en palacio, con el aire acondicionado y servida por todas mis criadas y ministras y aquí me veo obligada a contemplar este carnaval.

El azar a veces es bromista como cuando el Líder, el Emperador de aquel miserable y atrasado país, sintió un ligero picor en el escroto. Ya se pasará, pensó el payaso uniformado como Napoleón.

No, el picor no desapareció pese a que el Líder pensaba en otras cosas para desviar su atención del picor en sus insignes cojones. Es más, el picor aumentó terriblemente.

 El Emperador tenía que dar ejemplo y no podía decomponer la figura tan marcial, tan fotográfica: una mano en la empuñadura de la espada y la otra a la altura de las cejas saludando a la turba que desfilaba ante él. No podía ni disimular un mala fricción con sus ingles. El picor iba in crescendo. Grandes gotas de sudor perlaba la frente del Líder que ya imaginaba una rascada demencial, a dos manos, sobre su bolsa escrotal ¿Y aquella caterva de capullos desfilando lentamente ante él haciendo que la parada no acabase nunca?.

 Un leve mareo atacó a la estatua humana cuando el picor se hizo insoportable. Para colmo los altavoces difundieron que había una sorpresa al final del desfile: la interpretación del largo y cansino himno nacional por los niños de la Inclusa. Fue el colmo que rebosó la paciencia del Emperador. Cuando pensaba que tenía que estar más tiempo sin poder arrascarse sus partes nobles, le hizo caer de costado sobre el estrado y con los ojos en blanco comenzó a arrascarse con ambas manos en la entrepierna a la vez que emitía rugidos de gozo.

Los medios de comunicación al dia siguiente del suceso anunciaron: "Nuestro amado Líder recibió un disparo en el muslo interno mientras presidía nuestro desfile anual. Gobernación comunica que los terroristas de la oposición son los responsables de este regio atentado".


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