Del estafador al ambaucador
Del estafador al embaucador
Hace un tiempo se pudo leer en la prensa un artículo sobre un estafador con 600 identidades distintas y que fue apresado en Almería.
La figura del estafador junto al de un atracador de bancos fueron siempre casi bien vista por el común de la gente.
El primero por su astucia y el segundo por su valor. También hay imitadores a lo pobre: el embaucador que comienza engañando a sus padres, y estos saben que su hijo o hija es un caradura que le saca dinero con mentiras, después, el pre-embaucador intenta sacar beneficio de sus amistades y si tiene suerte, de sus amantes, de sus consortes o de sus barraganas, como quieran llamarles.
Para que haya un embaucador tiene que existir un primo, un idiota, que deja volar su imaginación con sueños inalcanzable "ayudado" por las mentiras de la o del embaucador de turno.
Nos explicamos. En Jerez se dio un caso muy comentado en su tiempo.
Una mujer de unos cuarenta y tantos años de edad, maestra de un colegio privado de cierto prestigio, vivía bien en su coqueto piso de soltera, comprado y sin hipotecas, con sus canarios cantarines en jaulas doradas y sus series televisivas cada tarde. Hasta que de pronto, sería por alguna alteración hormonal, a esta mujer le entró un instinto maternal incontrolable.
Se dejó seducir por un caradura, un vago y borracho profesional pero con un apellido muy rimbombante de la clase alta jerezana, aunque sin un duro (entonces un duro era cinco pesetas) que vivía a trompicones, en casa de su madre, viuda y resignada por haber traído al mundo a tal jumento, o comiendo "invitado" con algunos amigachos. Era el oveja sucia, más que negra, de aquella familia bodeguera, ahora desahuciado y despechado. Para colmo había recién salido de la cárcel por maltrato a su esposa. Un hombre-basura, pero eso sí, era atractivo, locuaz y simpático con las mujeres.
Adela lo conoció una tarde que salió con las amigas para tomar unas copas en un tabuco. Allí estaba el menda, guapetón, siempre sonriendo y con una cara guapa de sinvergüenza.
Adela, la maestra, tras salir con él un par de veces se lo llevó a vivir a su piso. A todo plan: techo. comida y coito gratis.
Adela como era de origen humilde, estudió la carrerita becada por ser pobre, creyó que ella había alcanzado un nivel social superior amancebándose con este golfo jerezano. En realidad ella se convirtió en su esclava emocional hasta el extremo de vender su piso de soltera, sus muebles y entregar todo el dinero a Jacinto para un negocio que decía tener entre manos. Sacar el título de patrón de embarcación de recreo PPER, comprar un velero e instalarse en Puerto Sherry para pasear a los turistas. Un negocio redondo, según él. Los 20 millones de pesetas volaron. Ni piso, ni título ni barquito velero.
Adela se arruinó, quedó con un niño de dos años a cuesta y atrapó una depresion de caballo. Cada vez que veía la carita de su niño pensaba, sin poder remediar: A este niño se le está poniendo cara de canalla, como a su padre.
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