La pequeña Corte de Sanlúcar de Barrameda
La pequeña Corte de Sanlúcar de Barrameda durante la posguerra.
Jacinto se entretenía hojeando el tomo primero de las "Memorias no autorizadas" de José Luis de Vilallonga.
"En el año 1942 estuve en Sanlúcar de Barrameda pasando unos dias en casa de mi padrino, el infante don Alfonso de Orleans"
Entonces, Jacinto, hijo de un mesócrata de la posguerra, recordó que en su pueblo la sociedad estaba muy estratificada entre una clase alta, por lo general formada por la aristocracia, en Sanlucar vivían más de una docena de titulos nobiliarios, y los propietarios de grandes bodegas, de apellidos ilustres; más una escasa clase media formada por comerciantes y medianos propietarios agrícola y, por desgracia, añadiendo a estas capas sociales, una abudante clase de semi pobres, los llamados pobres vergonzantes, formada por oficinistas, tenderos, empleados municipales, maestros, etc. y una extensa clase pobre, el 40% de la población sanluqueña. Recordamos que eran tiempos difíciles. Acababa de terminar una cruenta e inhumana guerra civil y los que la perdieron lo pasaron mucho peor que los estaban en el bando vencedor pero seguían siendo pobres.
"Cuando desde Barcelona -narra Vilallonga en sus memorias- fuí a Sanlúcar, donde se encontraba la que sería mi esposa Pip (hacía tres años que acabó la guerra y viajar por España era una auténtica odisea) tardé dos días en llegar en el tren a aquel apartado rincón de Andalucía. Recuerdo que lo que más me llamó la atención de Sanlúcar fue la impresionante figura de don Alfonso. Era lo que se decía entonces un hombre de fina estampa. Era muy alto, atlético, de ojos azules y de ademanes varoniles y castrenses. Entonces se le consideraba como representante en España de su sobrino don Juan de Borbón, que residía en Portugal.
Debo decir que fue en Sanlúcar donde nos casamos Pip (Priscilla Scott-Ellis) y yo en ese mismo año de 1942"
Se sabe que el pueblo llano, el común, suele copiar las actitudes de sus dirigentes o de "gente importante" próxima. Quizá fue esa la razón por la que mi pueblo -nos cuenta Jacinto- era tan clasista, por mor de esta pequeña corte y lo que se decía y veía de ella.
Desmond Morris en su obra "El mono desnudo" nos hizo ver que el ser humano es proclive a imitar a otros que él considera superior en cualquier aspecto.
La pequeña corte sanluqueña formada por don Alfonso de Orleans y Borbón (1886-1975) y su esposa inglesa doña Beatriz de Sajonia-Coburgo y Gotha (1884-1962) más los nobles y aristócratas que regularmente visitabn la residencia de el Botánico, el palacio de Sanlúcar nunca lo habitaron, atraía a la flor y nata de la España monárquica de entonces.
Jacinto recordó que en su niñez era impensable que un chico de la incipiente clase media se juntara, fuera amigo, de otro de una clase social más baja y ni que decir tiene que la relación chico y chica era impensable si uno de los dos pertenecía una clase inferior. Así era y así fue.
Jacinto también recordó, de una forma más directa, la presencia de esta corte cuando la infanta doña Beatriz ofrecía un baile de gala todos los veranos en el Gran Cinema, un enorme y precioso cine al aire libre que engalanado para la ocasión, acogía a lo más granado de la aristocracia y la nobleza de la Baja Andalucía. El pueblo mirón y curioso, entre el cual se encontraba Jacinto, de 10 años de edad, y su madre que gustaba del boato, acudieron a ver entrar a la gran fiesta a esas mujeres en traje de noche y a esos caballeros trajeados que bajaban de unos relucientes coches conducidos por el chófer uniformado donde eran aparcados después a los largo del paseo de la Calzada (todo un espectáculo visto en el año 1954 cuando en España la miseria era endémica).
En otra ocasión, Jacinto salió del colegio de La Salle y pasando por la plaza de la Paz, frente a la parroquia de la O, pudo ver Hispano Suiza, Packard, Mercedes y otras marcas de automóviles de lujo rodeados por la gente del pueblo que miraban con los jos como platos. Jacinto preguntó a otro niño que era lo que pasaba. Que se casa alguien de alto copete, contestó.
Aquella corte sanluqueña marcó, sin ellos notarlo, a los ciudadanos nacidos en Sanlúcar de Barrameda entre los años de 1940 a 1962 que fue el año de la muerte de la Infanta. Desde entonces el infante vivió retirado en el Botánico, sin vida social, hasta su fallecimiento en el años 1975.
Más información: "Los desconocidos Infantes de España" del autor Ricardo Mateos Sáinz de Medrano con el interesante capítulo XVII titulado: Don Alfonso de Orleans, el más simpático príncipe de Europa.
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