Jacinto y sus viajes
Jacinto y sus viajes
Conozco a Jacinto desde hace muchos años. Un hombre curioso y pesquisidor de la vida. Tiene por costumbre documentar, con fotos y comentarios, todos los viajes de placer que realizó durante su vida. Desde aquel viaje de estudio del año 1962 hasta el último que realizó ya jubilado.
"Aquel día 23 de mayo de hace unas décadas salimos, mi mujer y yo, de Granada a bordo de nuestro Niva 4x4 La mañana era espléndida y fresca, sin una nube a la vista. A pesar de que todavía no había autovía llegamos a Bailén sin contratiempos. Paramos a desayunar en el parador para después tomar la autopista Cádiz-Madrid con dirección a Valdepeñas. Antes de llegar a esta localidad nos desviamos hacia Almagro. Desayunamos por segunada vez en un coqueto café situado en la Plaza Mayor antes de visitar el Corral de Comedias y el famoso Barrio Noble. Más tarde, salimos hacia Ciudad Real con dirección a Toledo.
La Ciudad Imperial siempre me gustó. Una vez que nos registramos en el hotel y dejamos el coche en el parking callejeamos por la ciudad. Todo un placer. ¿Quién no visitaría su magnífica catedral con su museo y la afamada custodia de Arfe? También contemplamos el cuadro del Entierro del Conde Orgaz, en la iglesia de Santo Tomé; Santa María la Blanca; el Hospital de Tavera , etc. Tras pasar dos noches retomamos nuestro periplo hacia San Martín de Valdeiglesia seguido por decenas de motoristas de la GC que por aquellas carreteres, a pie de la Sierra de Gredos, solían practicar. Cuidado que hay unos motoristas detrás de nosotros, me advirtió mi esposa para que yo afinara la conducción... y eran más de veinte.
Paramos en Piedralves para sacar unas fotos que por cierto salieron horribles ya que fueron sacadas con una maquinita Kodak de usar y tirar. Mi cámara reflex estaba averiada.
En Pedro Bernardo nos alojamos en un hotel muy coqueto donde el recepcionista nos recomendó un buen restaurante para comer unos chuletones de ternera de Avila gigantescos de dos dedos de gruesos asados a la brasa. Tras la siesta paseé por el lugar mientras mi esposa iba a la peluquería.
Después del desayuno salimos de Arenas con rumbo a Poyales, Jarandilla de la Vera y desde allí hacia Navalmoral de la Mata para adentrarnos por la Sierra de la Villuercas que era un lugar algo mágico, bella a reventar con el chirimiri que caía y con esa luz filtrada que se reflejaba en las hojas mojadas del bosque de castaños y de robles.
Nos alojamos en la Hospedería del Real Monasterio de Guadalupe un poco antes de la hora de comer. Sensacional, los cocineros eran monjes, nos dijo la camarera, que nos sirvió una suculenta caldereta de cabrito y una pierna de cordero a la miel. Excelente.
Cuando visitamos el Monasterio el monje que nos guiaba, junto a otra pareja de turistas, nos indujo a rezar antes de visitar el camarín de la Virgen tres avemarías. ¿Una costumbre?
Cuando salimos de Guadalupe nos dirijimos por la carretera C-401 hacia Mérida. Una ciudad que me encantó, soy un fan de la cultura romana. El Museo Nacional de Arte Romano es una gozada, así como el teatro y el anfiteatro. Comer es un placer si se tiene apetito y si se encuentra la cocina auténtica. Alguien nos recomendó un restaurante donde solían comer los viajantes de comercio y los empleados de un banco cercano. Cocina vernácula, sencilla, sin florituras ni mamarrachadas, abundante y excelentemente elaborada.
En Mérida pasamos un par de día, como nos gusta a mi mujer y a mí viajar, sin prisas, sin tacañería, muy relajados.
Al día siguiente visitamos la Alcazaba donde vimos, entre otras cosas, su magnífico aljibe. También paseamos por sus calles y merendamos en una elegante cafetería.
A la mañana siguiente salimos en el fiel Niva hacia Sevilla, que la circunvalamos, para tomar la transitada carretera Sevilla-Granada y llegar a casa hasta preparar otra salida para la próxima primavera"
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