Un cuento picante

Un cuento picante... para el mes de Julio 

Crucior Scabies  (Picor atroz)


Dicen que el sol emite energía en forma de radiaciones de onda corta con una longitud de onda entre 0'2 y 3'0 micrómetros. Todo esto ya lo sabía el Príncipe Kinsky, heredero de la casa real de un país del norte de Europa. Pero él desconocía las causas que las enormes tormentas solares también producían otros tipos de radiaciones: un efecto  producido por una onda inferior a 0'2 micrómetro que algún científico bautizó como "Crucior Scabies" por los efectos secundarios de estas radiaciones.

El Príncipe electo Kinsky fue el primer ser humano que padeció este extraño síntoma cuando estaba revisando las tropas de palacio. Un picor suave comenzó a castigar su ínclito ano. Una desazón que se volvió tremenda a medida que los minutos pasaban. A él le habían educado que antes de cualquier evento oficial no debía beber mucho líquido para evitar ir al baño; nadie le dijo que le sucedía aquella mañana en sus partes pudendas. El día era espléndido, principios de julio, los soldados pasaban y repasaban una y otra vez delante del príncipe. Su real persona no podía contener aquel picor atroz. Su mano derecha pasó con disimulo del pomo de la espada para cobijarse tras su pantalón de hilo ceñido. No alzanzaba a la zona afectada, ya que tenía que inclinarse en una postura poco digna.

Se desmayó. Todavía mostraba un rostro rojo y congestionado cuando lo trasladaban en una camilla por el pasillo del hospital. Un sonido extraño brotaba bajo la sábana  mientras que un moviento y sincopado agitaba los cuartos traseros del insigne príncipe.


La modelo de las modelos, Tania, sonreía a diestros y menos diestros desde su pasarela parisina. Tania era bella y muy elegante. La prensa le llamaba la diva, la excelsa, la inasequible.

 Sus pasos artificiosos modelaban sus curvas de bello ejemplar femenino. Haciendo un coqueto giro, muy ensayado, sonrió a un público que ella no veía debido a los focos. Un ligero picorcillo le llamó la atención. Posiblemente sería algo de alergia a su ropa íntima. Ya pasará, se dijo. No pasó, al contrario, se incrementó. No lo soportaba. Aún le quedaba el regreso por la larga pasarela del Venice Palace hasta el camerino. Supo improvisar, con el ritmo de la música, plena de percusiones y desacordes, ella descompuso su figura realizando tocamientos sensuales por todo su cuerpo. Un refregón, cada vez que podía, con el dorso de la mano disimulado ahora por los focos que comenzaron a parpadear ayudado por un sonido cada vez más frenético, todo entre un rugir de admiración y entre los aplausos del público por tal espontaneidad. La bella e inaccesible Tania soportó los primeros envites picosos hasta su salida   de escena. Antes de entrar en el camerino se subió su ajustada falda hasta la cintura y se arrascó sin pudicia.


Cuando esta extraña y corta epidemia de rayos solares "crucior scabies type" desapareció misteriosamente de la Tierra un lacónico presentador de televisión hizo su personal reflexión: Amigos telespectadores,  hasta los personajes más insignes y nobles, más soñados y elevados por el común, también, os recuerdo, van al baño todas las mañanas. 

 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Reina por un día

Aquel Madrid que enamoró a Jacinto

Del aburrimiento a la depresión