Seducción fallida (No fue ningún cuento)
Seducción fallida (No fue ningún cuento)
Una vez me contó mi amigo Jacinto que viviendo él de pensión en Madrid, a mediados de los años 60, pudo tener una experiencia camastril con las dos hijas de la patrona pero que pese a sus 21 años de edad y sentir un natural ardor en la sangre se pudo contener para no caer en las garras de aquella familia tan procaz.
Antes de narrar estas tentaciones debo hacer notar que Jacinto tenía un estupendo trabajo. Una tentación para cualquier moza de pueblo, sin oficio ni beneficio, recién llegada a la capital.
El intento de seducción de estas chicas fue también motivado cuando pudieron ver, en el cajón de la mesita de noche, la libreta de ahorros de Caja Madrid con la suma nada despreciable de más 300 mil pesetas, que en 1966, era algo serio.
"Un mes de julio -me contó Jacinto- en la siesta de un día de verano, yo estaba sobre la cama fumando un cigarrillo tras mi jornada laboral de 7 de la mañana a las 3 de la tarde. Cuando iba a apagar el pitillo en el cenicero noté como llamaban suavemente a la puerta de mi dormitorio. ¿Puedo pasar? preguntó una voz femenina. Por pudor me tapé apresuradamente los bajos de mi cuerpo con un pico de la sábana. Entra, dije yo. Y entró ella, la hija más pequeña de la casera, de mi misma edad.
- Acabo de ducharme -dijo Adela- y no puedo fumar porque no encuentro mi encendedor ni las cerillas en la cocina. ¡Como no hay nadie en casa!
Parece algo pueril, pero no. Porque Adela se presentó ante mí en pelotas bajo un transparente "picardía" (creo que se llama así a ese cortísimo camisón que se ponían algunas mujeres para dormir).
Sí, aquello era una visión. En la penumbra del dormitrio le pasé mi encendedor y ella se sentó en el borde de la cama como si tal cosa. Como si fuera mi novia sentada junto a mí en un banco del Retiro contándome sus cosas".
No te voy a describir -se emocionó Jacinto contándome la historia- la sensación que sentí al oler el sueve perfume a recién duchada y ver ese cuerpo hermoso de jovencita, me mareaba.
Yo dije, con una normalidad forzada, que tenía novia y que nos íbamos a casar dentro de unos meses. Mentí para quitármela de encima.
Gracias por el fuego y por favor... que no se entere mi madre de mi visita. Se despidió Adela con toda normalidad.
Este truco del chico que vive alojado en una casa particular y de pensión lo conocia ya Jacinto pese a su juventud.
Si él se hubiese acostado con la joven súbitamente entraría la madre gritando ¡Te pillamos! Has deshonrado a mi familia y no tienes más remedio que casarte con ella si no quieres algo peor cuando se entere su padre.
Jacinto era un joven sureño muy espabilado y siempre tenia grabado en mente los consejos de su madre cuando marchó a trabajar a Madrid: "Hijo, eres guapo y joven. Ten cuidado con los maricas, con las putas y con las busconas, que te arruinarán la vida"
Pero no, aquí no acabó los intentos de seducción de las hijas de la patrona a mi amigo Jacinto. La hija mayor, que era bastante pendón y que tenía un cuerpo fabuloso, a las dos semanas del fallido intento de su hermana, llamó también en plena siesta. No pidió lumbre para su cigarro, sino que dijo que venía de no se sabe dónde, que estaba muy cansada, que se acababa de duchar (por lo visto la higiene corporal era una aditivo más para una posible conquista) y que tenía que hablar con alguien y como a esa hora de la siesta no había nadie en casa se acordó del huésped.
La hermana menor llevaba un piardía sobre su desnudez pero Isabel, la mayor, no llevaba nada de nada. Era una clara tentación concupiscente, como decian los curas.
La lucha interior de Jacinto para no caer en el pecado de la carne fue tremenda ¡oh la carne, esa tentación que ha llevado al infierno a tantos pecadores! Nos decían durante los ejercicios espirituales.
Jacinto me contó que aquello desbordó el vaso y menos mal que su novia, una chica de Zamora que trabajaba en Marconi, pudo paliar el desasosiego que le produjo aquellas dos desvergonzadas.
" A la semana siguiente -me dijo Jacinto- me cambié de pensión huyendo de un posible trío aún más provocador. Yo y ellas dos al mismo tiempo.
No es ninguna fantasia sexual de adolescente la que tuve sino una pura realidad". Me dijo muy serio Jacinto. Y me lo creo a pies juntillas porque el jodido Jacinto siempre fue muy cerebral...
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