Altos Cargos Políticos ¿Una nueva Aristocracia?
Altos Cargos Políticos ¿Una nueva Aristocracia?
Releo un trabajo de Bertrand Russell sobre la República, de Platón, que dice: "La misión del maestro es de guía, de enseñar al discípulo a ver por sí mismo para tener un espíritu crítico"
Estamos convencidos que en pleno siglo 21 la mayoría de los gobernantes del mundo civilizado occidental son unos completos mamarrachos, además de ser unos oportunistas.
Sería impensable que excelentes autócratas como fue Pericles y Octavio Augusto emergieran en cualquier país para dirigirlo ahora bajo el manto ficticio de una democracia que no es tal. En España hay más leyes punitivas en la actualidad contra la libertad de expresión que en la era del dictador.
También hay que reconocer que en nuestro país pudimos disfrutar de dos estupendos presidentes de gobierno al inicio de la democracia. El español medio siempre reconoció aquellas primeras y buenas legislaturas de Adolfo Suarez, de 1979 a 1982 y de Felipe González entre 1982 y 1986. Después todo fue harina de otro costal. Corrupción, alcaldadas y mamoneos. La revista TIME, en su tiempo, explicó a sus lectores que Felipe González fue el auténtico artífice de la limpieza de nuestra Patria de tantos elemetos fascistas residuales incrustados en la policía, el ejército, la justicia y en la política.
Aparte de estos dos presidentes de gobierno antes mencionados los demás presidentes, por desgracia, nunca pudieron llegar a aquellos niveles antes expuestos. Casi todos se comportaron como meros funcionarios esperando los premios que el gran capital les tenía reservado si obedecían sus dictados. ¿Recordáis aquel hombre que estando en el Poder prohibió por ley instalar placas solares en las casas para obligar a que se consumiera electricidad de las compañías eléctricas y que cuando le echaron del gobierno fue premiado con un alto cargo en el consejo de administracio de una Eléctrica? Todo muy hispano, el pueblo obedeció como borregos a este zascandil.
Pero volvamos al estudio de Bertrand Russell. "Platón, de joven, ya tenía una idea clara sobre los deberes políticos del ciudadano como lo expresó en su República. La formación de un Estado ideal es difícil y aunque choque en nuestros dias las propuestas de que un país bien gobernado debe ser dirigido por un buen gobernante y nada más. Platón dividió la sociedad en tres estamentos, no estancos del todo: los guardianes o clase alta política, los soldados que hacen cumplir las leyes y el pueblo común; todos podían ascender o descender socialmente según su valía."
¿Y la democracia? Preguntarán algunos. Es meramente una dictadura disfrazada de consenso popular, una falacia tal como nos la quieren hacer ver. ¿Qué democracia puede haber en esos países africanos tercermundistas donde siempre está en el gobierno la misma ralea de gente?
Lo bueno de la democracia es que es la antítesis del vocablo dictadura y que la gente inculta siempre asocia con aquellos impresentables dictadores tan odiosos del pasado.
No hay que ser un Séneca para saber que la democracia actual española es un hervidero de oportunistas, en la mayoría de los casos, donde los altos cargos políticos, cobran altos salarios sin merecerlos y sobre todo medran y además, si siguen las consignas del líder sin contradecirle, conseguirán por muchos años seguir mamando de las arcas públicas.
Recuerdo leer aquella anécdota del chófer de un alto cargo político que junto con su esposa se dirigían a una inauguaración oficial. A pesar de la mampara que había entre la pareja y el mecánico éste oyó decir: "Pepillo, quién nos iba a decir que íbamos a viajar en este enorme coche con chófer y con escolta, cuando hace una década tu eras un mero maestro de pueblo y yo una ama de casa que hacía malabares para llegar a fin de mes"
Es la nueva aristocracia, se mire por donde se mire. Con el tiempo incluso aprenden a vestir adecuadamente y a usar los cubiertos de mesa correctamente.
Los votos se pueden comprar o adquirir a través de un plan bien urdido, los votos no representan al pueblo. Todo funciona bien mientras que la camarilla de altos cargos se repartan las funciones en proporción directa a la lealtad hacia el líder, aunque este sea un mentecato.
Esta nueva aristocracia política vive en una burbuja infectada con esas gentes que alcanzaron el poder y disfrutan de enormes ventajas y contactos para él, para su familia y para sus amigos. Así funciona casi todas las democracias europeas: una aristocracia a lo pobre pero reciclada.
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