Un día perfecto

Un día perfecto

Sonó el despertador a las 7 de la mañana. Sin pereza ni mal sabor de boca Jacinto saltó de la cama hacia la ducha. Se vistió con cierta calma y con gusto. Puso una cápsula de café en la cafetera. Mientras caían las gotas, que aromatizaba  la cocina, se anudó la corbata y se colocó la americana. Bebió el café, le dió un beso  de despedida a su esposa y arrancó el coche hacia la estación de cercanías. Todo muy cronometado. Faltaban unos minutos para que llegara el tren hacia Madrid.

Pase usted primero -dicen unos jovenzuelos. Gracias, contesta Jacinto buscando al mismo tiempo con la mirada un asiento vacío. La estación de Atocha está repleta de gentes que van a sus trabajos. Apenas se escuchan voces ni gritos desagradables entre los viajeros. Unos corren hacia la estación del metro, otros hacen colas ordenadas en la parada de autobús. Todos se ven felices y contentos.

Jacinto llega a la oficina tras caminar unos minutos desde la estación, ya que se ubica en el Paseo del Prado. La oficina es un lugar hermoso y soleado.

Buenos días  -saluda Jacinto al conserje de puerta- Buenos días don Jacinto - contesta el hombre con amabilidad.

Por el pasillo Jacinto se cruza con Marta, la chica de las fotocopias, que es bella a rabiar. Hoy parece menos estúpida de lo que acostumbra. Buenos días, Jacinto - dice ella mostrando unos blanquísimos dientes con una sonrisa auténtica que  también transmite sus hermosos ojos.

Nada más sentarse Jacinto en su mesa el botones le dice que quieren verle en dirección. Jacinto se pone la chaqueta que había dejado sobre el respaldo de una silla y llama con cierta angustia ¿Se puede? 

Quiere usted un café, le pregunta el jefazo colocando rutinariamente los papeles sobre su mesa.

- No gracias, dice el empleado.

-¡Enhorabuena, Jacinto! Exclama don Luis con alegría incontenida. Hemos conseguido la publicidad en exclusiva de Jospín. Una millonada. Se lo debemos a su proyecto que fue aceptado por el propio consejo de administración de la empresa. Gracias por el trabajo. Nuestra compañia ha decidido gratificarle con una prima de 150.000 euros en efectivo ¿Qué le parece?

-Me llena de satisfacción que mi trabajo no fuera rechazado. Por otra parte ese dinero me viene bien para cambiar mi viejo Volvo por un Porsche 718, el sueño de mi esposa y mío.

Cuando por la tarde Jacinto llegó a la estación de cercanías para recoger su coche en el parking vigilado y volver a casa no cabía de orgullo. Deseaba llegar cuanto antes para dar la buena noticia a su esposa en directo. No era cuestión de haber comunicado la noticia por teléono.

Circulaba tan deprisa que una pareja de la GC de tráfico lo pararaon. 

-Usted circulaba por este tramo de carretera a 70 km por hora cando el disco bien señala los 50. Es una zona residencial.

-Llevan ustedes razón agentes, tenía tantas ganas por llegar a casa...

-Bueno, bueno. Por esta vez pasa y no le multaremos. La próxima vez vigile usted las señales de tráfico. Buenas tardes.

-Gracias agentes. Que tengan un buen servicio.

Jacinto aparcó frente a la casa en la que habitaban él su esposa desde que se casaron, una casa agradable que  tenía un diseño coqueto y que se encontraban en una zona elegante de la  Los Chopos. Abrió la puerta al mismo tiempo que gritaba. 

-¡Adela, Adela!

-¿Por qué gritas, cariño?

-Para comunicarte...

Calla, calla. Yo te daré primero un notición. ¡Estoy embarazada a mis 52 años de edad!

 

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