Hipocondría

Hipocondría


Si sirve de consuelo  diremos que el 30% de los españoles son hipocondríacos. Un malestar mental que incide, más o menos, en nuestra conducta.

Un psicólogo experimentado puede ayudar  en los casos graves de hipocondría que casi siempre enmascara un estado crónico latente de ansiedad y de depresión y por supuesto, de cobardía: se tiene miedo a todo.

Recordamos aquella película de Woody Allen donde un personaje va al médico porque cree tener un incipiente tumor canceroso en la cabeza. No tiene usted nada, le dice el médico tras varios análisis. El personaje, sale a la calle de la consulta y se siente frustrado por no padecer enfermedad alguna sino un miedo cerval a padecerla.

Me contaron el caso de una mujer de un pueblo que se sentía mal pero sin especificar qué era lo que tenía y se quejaba que el médico de la seguridad social (de consulta gratis) era incapaz de diagnosticar  lo que le pasaba. Convenció al esposo para que la llevara a la consulta a un famoso y carísimo especialista de la capital.  Tras pagar el atribulado hombre la consulta de su hipocondríaca esposa ésta le dijo, nada más salir a la calle, el dineral que le había costado la visita al doctor para no encontrarle nada. Todo el malestar que ella tenía  era imaginario.

Una persona hipocondríaca se nota porque siempre está hablando de enfermedades reales, imaginadas o "vistas" en esos horrendos programas televisivos sobre la salud. También el hipocondríaco se somete a frecuente autoanálisis en el hogar: se toma la tensión arterial cada dos por tres, se pesa a diario, se cuenta las pulsaciones, se mira en el espejo el color del iris y otras sandeces por el estilo. Su mente enferma no descansa imaginando lo peor de lo peor en enfermedades que le pueden atacar, en los contagios que puede contraer si roza a alguien o si  bebe en una taza de café de un bar con la aprensión de que si dicha taza fue bien lavada o  puede llevar algún  germen de  alguien que bebió antes y que estaría infectado por el Sida u otra enfermedad contagiosa.


¿Es el aburrimiento, el "taedium vitae", lo que genera la ansiedad, la depresión y la hipocondría? Puede ser, lo que sí se ha demostrado es que la hipocondría es difícil de sanar si el paciente no lo desea de la misma forma que un borracho o un dragadicto no deja el vicio porque no lo desea  porque se siente "más seguro" con su adicción. Triquiñuelas de la mente.

En algunos casos la hipocondría es tan intensa que se puede sufrir un trastorno somatomorfo que al paciente le produce un malestar real derivado de una dolencia imaginaria.

La hipocondría no tiene edad, aunque afecta más a las personas mayores, y si viven solas peor, principalmente entre los 50 y 80 años; a partir de los 70 años de edad, en algunos casos, este malestar mental produce  una depresión profunda sobre todo en ancianos ingresados en asilos y hospitales. La soledad no deseada incrementa ese estado de ansiedad propio del hipocondríaco. Repetimos, la cobardía va de la mano del hipocondríaco. Le da miedo  de lo desconocido, de lo que puede sucederle o de un futuro inesperado. También suele mortificarse con el "lado feo" de su pasada existencia. 


Recomendamos ver en Youtube:

-Hipocondría y ansiedad: vivir como un enfermo estando sano, te enferma.


-6 estrategias para disminuir los síntomas de ansiedad y depresión en personas mayores. 


Recomendamos leer en Google:

-Hipocondriasis-Sociedad Española de Medicina Interna.

-Ansiedad e hipocondría: ¿qué relación tienen?


Comentarios

Entradas populares de este blog

Reina por un día

Aquel Madrid que enamoró a Jacinto

Del aburrimiento a la depresión