Un relato para 2025: La aventura de un esquiador en Sierra Nevada

Un relato para 2025: La aventura de un esquiador en Sierra Nevada.


Dos días nevando sin parar. Nieve polvo sobre nieve polvo. Una maravilla para cualquier esquiador. Nevó tanto que la cota llegaba casi al valle bajo.

Jacinto, un alto ejecutivo del Consorcio Ginés, con sede en Madrid, bajó a Granada solo, sin amigos ni familiares porque necesitaba desengancharse de su rutina profesional y familiar.

 Allí, en la sierra, se encontraba deslizándose  una y otra vez por aquellas magníficas pistas pero no, no era suficiente. Necesitaba la aventura perfecta, esquiar fuera de pista, sobre nieve virgen, sin  haber sido compactada por las máquinas. Nieve auténtica para un esquiador auténtico. Descendió a media ladera hacia el sur. Todo estaba inmaculado, precioso; paraba de vez en cuando para admirar el paisaje y sentir el suave aire de la cumbre.

Todo una aventura. Antes subió a la pala del Veleta con dirección a la laguna de las Yeguas pero por un impulso decidió desviarse hacia un vellecejo nevado que daría a otro lugar. Era la aventura, su aventura perfecta.

´-¿Dónde estaré? - se preguntó Jacinto intentando orientarse por el sol. Era mediodía y las sombras no indicaban con precisión ninguna dirección. Había que esperar. (En 1987 no había GPS ni iPhone)

Jacinto llegó al límite de la nieve. Se quitó los esquíes y se desabrochó las pesadas botas. Entre los pinos, no muy lejanos, ascendía una leve humareda. Donde hay humo, hay personas, se dijo.

Una mujer vestida casi con harapos hacía carbón en un llanete del bosque.

-Buen día-  saludó el esquiador con cara amable

-Buenas -contestó la mujeruca con desgana.

Jacinto y la carbonera bajaron por una vereda hacia un lugar donde en su parte más soleada había una casuja renegrida y achaparrada que se mimetizaba con el terreno. Por la puerta de la choza aparecieron dos mujeres similares a la que hacía carbón. Una más vieja, envuelta en ropa oscura y ajada y que a modo de capa llevaba una piel sucia de cordero.  La otra mujer, la más joven, estaba igual de asquerosa y además portaba un cara fea a rabiar. 

-Jacinto suspiró de gratitud cuando se vió sentado en una banqueta frente a la chimenea y bebiendo un agrio vino que le ofrecieron las tres hermanas. 

Jacinto abrió los ojos y sintió una terrible jaqueca. Se tocó la cabeza e intentó masajearse la nuca dando un grito de terror cuando comprobó que una cadena, cerrada con un candado, estaba alrededor de su cuello y que estaba sujeta a la pared por una gruesa argolla.

El recinto donde estaba atado era como una especie de pocilga abandonada, sucia y maloliente, y separada de la casa. Jacinto sintió pasos. Se abrió el pesado y pequeño portón donde apareció la más vieja de las tres hermanas. Ésta llevaba una especie de capote hecho de pieles de cabras y ovejas y atado por un cordel alrededor de la cintura. Un candil que portaba la mujer iluminó la escena. La débil llama del candil colgado ahora en una punta de la pared iluminó el antro. La mujeruca, de unos sesenta y algo años de edad, seca como un bacalao y oliendo a humo frío y a cerdo, se quedó desnuda ordenando al hombre: ¡vamos, a cumplir!

Describir las sensaciones vomitivas que soportó Jacinto sería casi imposible. Cuando la mujeruca salió dejando su fétido hedor entraron las otras hermanas solicitando el mismo servicio.


-Este invierno hace más rasca que el anterior- dijo una de las hermanas a las otras dos mientras comía un tasajo de tocino y un trozo de pan duro. El fuego crepitaba y daba consuelo. La estancia estaba iluminada solo por la lumbre. 

-El semental está peor después de las fiebres, no funciona bien. 

-Es verdad, este tío no vale lo que come. Hay que liquidarlo y enterrarlo como al otro, junto a la carrasca de la abuela.


Diario Ideal de Granada. "Misteriosa desaparición de un esquiador en Sierra Nevada. Después de tres meses de la desaparición de don Jacinto Piesplanos sigue sin aparecer su cuerpo. Recordamos a nuestros lectores aquella otra misteriosa desaparición del invierno del año 1976. ¿Todo es posible en Granada?"

 

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