Guía Urbana de Madrid. (Recuerdos 1965 a 1968)
Guía Urbana de Madrid (Recuerdos 1965-1968)
Tengo sobre la mesa la Guía Urbana de Madrid editada por la editorial Gassó en el año 1964. Una guía que compré los primeros días de mi llegada a la capital de España, enero 1965. Todo una experiencia para un pueblerino que aún no había cumplido los 21 años de edad y natural de un pueblo mediano, Sanlúcar de Barrameda, por entonces con 42.126 habitantes. Un chico que se quedó prendado y enamorado, a primera vista, de la gran ciudad (Madrid tenía dos millones y pico de habitantes) y en la que, afortunadamente, me fueron las cosas muy bien desde los dos meses de llegar al foro, como dicen los castizos.
Siempre presumían los auténticos madrileños de ser de pura cepa: "gatos", con al menos tres generaciones de parientes nacidos en la capital, abuelos, padres y ellos mismos frente a nosotros, los "isidros" llegados de provincias.
El caso es que Madrid me fascinó y cuando pude disponer de suficiente dinero, siempre con mi trabajo, comencé a disfrutar verdaderamente de aquella ciudad, la más adelantada de la España de mediados de los años 60. Una época de auténtica prosperidad, abundaban los trabajos de todo tipo y con los salarios que se ganaba, y si estaba soltero y no tenía que pagar ninguna hipoteca. podías llevar un ritmo de vida excelente si sabía emplear el dinero en tus disfrutes: comprar ropa, discos, asistir a espectáculos, viajar por los alrededores. En definitiva, cualquier trabajador cualificado, con su salario, podía vivir francamente bien.
Aparte de mi trabajo, que me encantaba, y eso es muy importamte, disfrutaba del asueto en mis horas libres. Como salía de trabajar a las 3:30 pm tenía todas las tardes-noches para poder ir a bailar con la chica de turno a aquellas fabulosas Salas o Clubs de Juventud que además de ser caras, exigían vestir chaqueta y corbata para los chicos y a las chicas les prohibían la entrada si calzaban zapatos planos o llevaban pantalones. Estas llamadas Salas de Juventud eran excelsas, preciosas, con sus camareros uniformados y solícitos; cada vez que dejabas un cigarrillo en el cenicero lo cambiaban por otro cenicero limpio, un detalle que gustaba a un chico veiteañero y quizá algo relamido. En las Salas solo admitían parejas para evitar a esos oportunistas de los codazos y de los refregones. Siempre actuaban tres grupos musicales o cantantes diferentes en el Imperarator, Ducal, Paraninfo, Consulado, Mónaco, La Tuna, etc. Pude ver actuar mientras bailaba en sus pistas a Los Pekenikes, Miguel Ríos, Julio Iglesias, Los Brincos, Salomé, Raphael, Los Sirex, etc y etc. Cada joven tenía que llevar a su chica. Aquellos lugares, decían, no eran para ligar, sino para divertirse "sanamente" en pareja.
Otra cosa que me gustaba en la capital era zascandilear por Galerías Preciados, Simeón, Sepu, Los Sótanos etc. Había tantas cosas bonitas que se podían comprar y que a veces yo compraba...
Las revistas musicales me encantaban. Siempre me sentaba en las primeras filas del teatro para poder contemplar a las vicetiples de cerca y a las chicas del coro. Me quedaba embobado admirando esas piernas y esos cuerpos tan divinos.
En verano me gustaba asistir a los combates de lucha libre americana en el Campo del Gas o en la plaza de toros de Las Ventas. Tambien disfrutaba con los combates de boxeo en el Palacio de Deportes: Legrá, Carrasco y otros.
El cine siempre fue mi pasión. En Madrid en 1965, según la Guía, había 197 salas de proyeccines, entre los lujosos cines de estrenos y los cines de sesión contínua y programación doble. Aquello fue todo un tesoro para mí.
¿Cuántas veces habré visitado el Museo del Prado? Los domingos por la mañana la entrada era gratis, así que yo, amante de la pintura, habré ido al Prado, durante mis tres años de vida en Madrid, sin exagerar, un centenar de veces. Después, a veces, me dirigía a la Cuesta de Moyano a comprar libros y revistas viejas para terminar, junto con mis amigos isidros, en un bar que había por Cascorro donde ponían unas gambas a la plancha fabulosas acompañando a esas enormes jarras de cerveza que llamaban "tanques".
¿Y aquellas aventuras de exploración urbana? Un amigo sanluqueño, que estudiaba en la Complutense, y yo gustábamos subir a los autobuses, trolebuses y tranvías hasta llegar a la última parada de la línea por el mero placer de conocer bien la ciudad. Mi amigo quedó tan fascinado por la capital que se quedó a vivir allí para siempre.
Guardo en mi biblioteca esta Guía de Madrid del año 1965 con cariño porque evoca en mí buenos recuerdos y puedo asegurar que los tres años mejores de mi larga existencia los pasé en Madrid. Trabajar, ganar dinero para gastarlo, siempre con inteligencia, en lo que me gustara siempre fue mi lema, un lema simple y eficaz.
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