Juan Van Halen
Un libro de mi biblioteca
Juan Van Halen. El oficial aventurero
Autor: Pío Baroja
Pío Baroja escribió un libro sobre el gaditano, de padres gaditanos pese al apellido, Van Halen-Santi-Murfy y Castañeda. Juan nació en San Fernando en el año 1788.
Juan en su juventud estudió en la Escuela de Marina y en 1803 se embarcó en la fragata Anfitrete con rumbo a La Habana.
Años después fue encarcelado en Madrid porque era masón. De la cárcel escapó con la ayuda de la mujer que le limpiaba el calabozo. Desde Madrid Juan V.H., con la ayuda de unos amigos, escapó a caballo hacia Navarra y de allí a Francia donde se embarcó con destino a Londres. Siempre ayudado por amigos y masones, marchó desde Londres a Hamburgo y desde allí cruzó Polonia, Prusia y en Königsberg paró para saludar al gran maestre de la Orden Teutónica.
"En Livonia -nos cuenta Juan V.H.- sirven los ciudadanos más estúpidos del Imperio Ruso porque cuando el zar Alejandro quiso dar libertad a los siervos de esta región se sublevaron; estos desgraciados prefierieron vivir como esclavos a tener libertad"
Ya hacía un mes que Juan V. H. había llegado a San Petersburgo cuando, por fin, pudo entrevistarse con el emperador que ordenó ser contratado en calidad de mayor de un regimiento de dragones del Cáucaso.
Juan cayó muy bien en Rusia hasta el extremo que el príncipe Galitzim le regaló un criado llamado "Negrito de Brasil".
Tras un duro y largo viaje Juan y sus soldados llegaron al Cáucaso; él se alojó en una misión de jesuítas en Mozdok donde conoció a un jesuíta español, el padre Henri, un polilingüe de gran cultura.
En el Cáucaso convivió con los chechenos o checheuskis, de baja estaura, que dormían en el suelo sobre una piel de cordero y que solían comer, casi a diario, pan poco cocido con un trozo de carne sangrienta. Estos chechenos solían vivir del botín de sus robos y asaltos.
Una cosa que le chocó a este andaluz fue saber que en Tiflis las señoras de la alta sociedad se bañaban todos los sábados en unos baños públicos, donde también se teñían el pelo con una pomada muy negra, se pintaban las uñas de amarillo y se unían las cejas, corridas, que era lo que más gustaba a sus hombres.
Una vez Juan V.H. y sus soldados pasaron por Bakú, en Georgia, y contempló las minas de nafta (betún petrolífero) donde pudo ver unos fuegos que salían de la tierra y que nunca se apagaban.
El gaditano Juan Van Halen ya se cansaba de aquella vida cuando vio la luz al recibir una carta de su padre, desde España, para decirle que el rey Fernando VII había suprimido la Inquisición y, por lo tanto, ya podia regresar a su país. Juan rompió el compromiso con el zar aunque tuvo que salir de Rusia a escondida para pisar suelo español, después de muchos peligros, el 27 de febrero del año 1821.
Durante el Trienio Liberal, 1820-1823, España sufrió varios alzamientos. En 1822 Juan V.H., el andaluz viajero y aventurero, fue destinado al regimiento de la Constitución donde alcanzó el grado de Jefe del Estado Mayor de Torrijos.
Cuando los liberales fueron derrotados y el absolutismo triunfó Juan y su esposa huyeron a Cuba porque él era un ferviente liberal, masón y carbonario. Desde Cuba, tiempo después, Juan partió hacia Bélgica, la patria de sus abuelos.
Encontramos ahora a Van Halen como jefe de la Revolución Belga en 1830.
Todavía siguió su aventura siendo ya un casi anciano. Su inquietud y capacidad de trabajo le hizo trazar una línea telegráfica entre París, Lil, Bruselas y Amberes.
En el año 1846 encontramos a Juan Van Halen en el Puerto de Santa María, Cádiz, donde montó su residencia. En 1854 se le concedió la gran cruz de Carlos III. Y en el Puerto murió a los 86 años de edad.
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