Un libro de mi biblioteca: La novia de Matisse

Un libro de mi biblioteca


La novia de Matisse


Autor: Manuel Vincent 


Escribe Manuel Vincent en la contraportada de esta novela: "He elaborado la historia amorosa de una mujer cuyo destino consiste en vivir la belleza, el placer y la inmoralidad"


-¿Te vendo un cuadro y encima quieres que me acueste con tu mejer?

- Eso es lo que quiero - le dijo su cliente Luis Bantos.

-No sé... no se si debo hacer tanto por el arte.


Michel Vedrano sólo estaba obsesionado por vender cuadros, una pasión que en él excluía todas las demás. Nunca había tenido un interés especial por el sexo.


-Mi mujer -dijo el cliente millonario- cree que la estética consiste en ponerse una mascarilla o hacerse la manicura.


Michel Vedrano salió con Betina. La hija caprichosa de un cliente habitual.

Hay pintores -le decía a la joven Betina- cuyas obras sueltan toda su energía en los museos; otros, en la carbonera de un viejo; otros sólo están bien en la caja fuerte de un banco.

Pero Betina, mientras que le oía, pensaba en su amigo íntimo, un atleta negro, de poderosa verga, que la esperaba en Manhattan. Betina deseaba viajar a Nueva York a pesar de esos olores raros que emanan del asfalto.


Nueva York. Betina viajaba en un taxi buscando a su novio y gritando.

- ¡Nelson, Nelson! - gritaba Betina por la ventanilla

- ¿El Ratón Mickey es su novio? -preguntó el taxista.


En la acera de la Calle 42, frente al establecimiento de Walt Disney , un ser inmenso disfrazado de Mickey jaleaba y gastaba bromas a los transeuntes. El negro Nelson se quitó la caperuza riendo a carcajadas al ver a Betina.


Las fiestas que daba María Sacramento en su ruinoso palacio eran en realidad almonedas disimuladas para vender sus enseres poco a poco. Mientras que una sirvienta pasaba la bandeja con trozos de tortilla de patatas y un vino peleón, la marquesa iba mostrando a los invitados los cuadros y cachivaches allí amontonados.

-¿Cómo estás, marquesa?- saludó a la anfitriona el marchante de arte.

-Oye, Vedranito, quiero que veas un sillón de cedro que deseo vender.


A Matisse le llamaban el Doctor por esa facultad que tenía de transmitir felicidad. Su pintura "La alegría de vivir" era considerada como un paraíso curativo.


Michel Vedrano estaba acostado con Julia, la esposa de su amigo y cliente Luis Bantos.

-Me encuentro muy mal - dijo Julia

-Han pasado más de dos años y no te has muerto todavía. Recuerdas que te pronosticaban solo tres meses de vida.

-No sé, pero antes tienes que comprar  el Matisse, el que encargué para ponerlo en un lugar visible que desde mi cama lo viera.

Así se hizo y posiblemente el cuadro de Matisse sacó de su incurable enfermedad a Julia que yacía desnuda junto con el marchante amigo de su esposo, contemplando ambos La alegría de vivir.

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