Paco de Parla (Une histoire noir)

Paco de Parla  (Une histoire noir)


El jefe de Paco celebró su cumpleaños invitando a sus tres empleados a tomar unas copas en una elegante cafetería del centro de Madrid.

Paco, 56 años de edad, soltero, panzoncillo y con cara de sacristán, tropezó al salir, algo mareado por el alcohol ingerido, con un individuo con pinta de matón de pelicula. Alto, fornido y con cara de... ¡Coño, Paco! Oyó decir al matón. Paco levató la cara y reconocio a su amigo de la infancia.

-Venga, vamos adentro. Este encuentro hay que celebrarlo.

Paco obedeció menos por la sorpresa que por el abrazo de oso de su amigo, el supuesto gánster.


Paco se sentía seguro, incluso confortable, estando allí sentado frente a un hombre que asustaba solo con su imagen. ¡Cualquiera se metía ahora con Paco: barrigón, cara  de piano y otras cosas que le soltaban en la oficina.

Javier, su amigo reencontrado, había sido, además de vecino, compañero de estudio en la Blanca Paloma.

 Javier en pocas palabras le contó que trabajaba en el sector inmobiliario y Paco, a cambió, le contó su rosario de fracasos. 

¿Te acuerdas de Rosita? - preguntó Paco a Javier.

Sí, aquella pava, tan poquita cosa y algo descolorida que vivía frente al quiosco de la esquina de nuestra calle.

- Pues con esa pavilla me iba a casar. Gasté todos mis ahorros y el importe de la venta de la casa de mis padres, que heredé, para comprar un piso en Parla: un millon de las pesetas del año 1985. Un capital.

A la pavilla no le gustó el sitio, decía que era un lugar para pobres. La muy majadera que servía en una casa de la calle Princesa. Rompimos nuestra relación. Ella se fue a vivir con un desgraciado de Lavapiés  y yo me quedé con el piso que está casi a 27 kms. de mi lugar de trabajo, en Callao.

-Pues chico, vaya negocio que hiciste. Primero con hacerte novia de la pavilla y después comprándote un piso en Parla.

-Creo que le podrás sacar beneficio a tu piso si sigues mi consejos de agente inmobiliario.

-Tu dirás, Javier

-Pasado mañana, que es domingo, me escapo y te visito en Parla. Anótame tu dirección en esta servilleta de papel.


Tres semanas después de la visita de Javier al horrendo y cutre piso de Paco en Parla, éste, el parleño adoptivo, meditó con el negocio propuesto. Obtendría unos ingresos de 4.000 euros al mes que sumado a su salario de 1.850 euros podría muy bien ahorrar para comprarse aquel pequeño apartamento que su anciano tío le ofreció y que estaba en la costa de Granada, su provincia de nacimiento.

- Todo este asunto tiene que ser muy secreto y confidencial. Tu alojarás en tu domicilio a un hombre, un  buen amigo mío, que por cosas de los negocios y de problemas con hacienda tiene que esconderse de la justicia durante un par de años. Y como me dices que nadie entra en tu casa es el lugar ideal para el refugio de don Cosme Matello.


Paco  desde ese momento vivía con la ilusión de poder comprar ese  pisito  en un lugar de Salobreña para su vejez.

 Llevaba casi dos años cobrando ese estupendo alquiler a don Cosme que pagaba en mano todos los meses. Apenas le veía, siempre estaba en su cuarto con el ordenador y la television, no usaba teléfono móvil,  siempre en silencio, veía la televisión usando los auriculars. De todas formas su amigo Javier supo escoger el escondite. En un barrio pobre de una ciudad dormitorio de 130.000 habitantes, con más de 126 nacionalidades destintas viviendo en aquel batiburrillo étnico.


Un sábado, cuando Paco volvía de Mercadona de hacer la compra y ya con la llave de su piso dispuesta para abrirlo, una paeja de ancianos que estaba intentando abrir la puerta del piso de al lado llamó su atención pidiéndole que por favor intentara abrir esa cerradura que se le resistía. Paco dejó sus bolsas de la compra frente a la puerta y se acercó solícito a ayudar a la pareja de ancianos. Intentó meter la llave en la cerradura cuando de pronto notó el cañón de una pistola que le apretaba en el costado.

-Ni una palabra. Dame la llave de tu casa y estáte quieto. Paco no comprendía, aterrorizado entregó la llave a la mujer, visiblemente maquillada para aparentar más edad, y ésta entró en la vivienda de Paco. Pocos segundo despues se oyó como el descorchar de una botella de sidra el gaitero. La mujer salió tranquilamente cerrando la puerta y devolviéndole la llave a Paco.

-¿Y que hacemos con este pringado?- dijo el hombre, también envejecido por el maquillaje.

-Lo dejamos vivir. Ya tendrá su mea culpa cuado tenga que explicar a la policia por qué tenía escondido en su casa al mafioso de la Camorra más buscado por la Interpol y lo peor será para él,  tener que huir de por vida de los matones camorranos para vengar la muerte de su capo.


  

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