Elogio a la mediocridad (Un ensayete)

Elogio a la mediocridad 


Una persona mediocre es la que nunca resaltó en nada a lo largo de su vida, la que creció y careció de alguna cualidad, la que nunca destacó por su excelencia ni en su vida escolar ni en su vida profesional. En definitiva, la que desde que nació  hasta su muerte siempre fue un don nadie, un paria social. Es curioso que estas personas mediocres son las que exigen y se hacen las víctimas ante un supuesto igualitarismo trasnochado que les inculcaron o ellos mismos se inculcaron para justificar su mediocridad, fracaso o su mala suerte con cualquier proyecto que iniciaron, si es que alguna vez en su vida fueron capaces de  marcarse algún objetivo. 

Con este pequeño ensayo (ensayete le llama el Blogger) queremos mostrar que España (¿Europa también?) está pasando por una época de decadencia y mediocridad donde apenas resaltan hombres y mujeres con valía, los excelentes de nuestra sociedad.

En la década de los años 60 se puso de moda la cultura del feísmo en el arte, una tendencia donde se valoraba estéticamente lo feo y lo desagradable. Afortunadamente fue una moda efímera.

En pleno siglo 21, hoy, se ensalza o se tolera en demasía todo lo mal hecho por los hombres o por los dioses. La tolerancia excesiva de las masas es una señal de franca cobardía y mediocridad: si un cantante falla en una actución se le aplaude. Si un torero pincha media de docena de veces, el público se pone de pie y le aplaude la pésima faena. Antes se les abucheaban por botarates. Si una persona se presenta numerosas veces a unas oposiciones para obtener un trabajo y nunca las aprueba se le alienta y se le anima para que siga en el intento en vez de decirle que busque otro trabajo. También tenemos esa permisividad y tolerancia trasnochada de que si esto es lo te gusta lo haces que no pasa nada y qué decir de los eufemismo, parece ser que no queremos hacer ver a persona no apta, por culpa de un defecto físico o mental, que jamás podrán competir con una persona  "normal". La mediocridad y los frikys (freaky) abunda en nuestra sociedad de orates. 

Un galerista fue invitado a una exposición de dibujos y pinturas realizadas por socios de una ONG , de frikys. Aquello fue un bodrio anti-arte. Era un pésimo espectáculo, como esos teatrillos que hacen los párvulos en el colegio que tanto aburren y molestan excepto a los padres de los actores infantiles. En el periódico regional salió la noticia: "Magnífica exposición de trabajos de los socios de la ONG  X." La  mediocridad, el exceso de tolerancia,  no debe confundirse con la caridad.

Cuando veo a los corredores de la vuelta ciclista de un país y cuando ya han llegado todos los participantes a la meta y están recogiendo los obreros todo el tinglado y veo que una cámara abierta recoge el momento de la llegada de un rezagado, me pregunto ¿Que esperará este pobre ciclista de su futuro deportivo?

Contra la mediocridad jamás regalaremos el aplauso. El aplauso es un acto reflejo del entusiasmo por lo bien realizado que hizo otro. Es una recompensa, no es gratuito. Donde se aplaude como dementes  son en esos horribles programas de las televisones donde se hacen chistes fáciles y comentarios por entrevistadores o tertulianos. ¿De que ríen estos zotes? Nos preguntamos.

En el siglo XVI en Francia se popularizó la figura del aplaudidor profesional que era contratado para dirigir o provocar el aplauso en actos oficiales, desfiles y teatros. 

Los tontos emergen como setas en  un bosque húmedo. Cada vez hay más imbéciles: influencers, youtubers, deportistas, actores de medio pelo o consagrados, caricatos y...políticos de tres al cuarto. La mediocridad es la seña de identida de nosotros, la plebe. Una mediocridad dirigida más por nuestras mentes planas que por la IA que tanto admiramos o tememos. 

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