El captador
El captador (Un cuento que puede ser una realidad)
Adolfo es un joven que gustaba a las mujeres. Era bello, educado y comedido con las chicas. Adolfo en una verbena de un pueblo se hizo el encontradizo con Adela, una chica pobre como una rata pero portadora de un cuerpo excepcional y que anhelaba "prosperar" y salir de aquel miserable lugar. Ella ya había cumplido los 18 años de edad, la mayoría de edad. Legalmente, era ya dueña de sus actos.
Adolfo, de madrugada, acompañó a Adela hasta la puerta de su casa. Se despidió de ella, en su primera cita, sin intentar ni besarla. Le dijo un hasta mañana que le supo a Adela a poco.
Es un chico fuera de serie -soñaba Adela en la cama- apenas bebe no fuma ni se droga; viste con elegancia y siempre huele muy bien. Me dijo que trabajaba en una compañía aseguradora de Madrid. Tiene 25 años de edad y es terriblemte atractivo. Vamos, que si me dice esta noche vamos a la era ¡qué burra soy! si me dice vamos a la cama me meto con él encantada. Pero no, me sonrió con timidez y me deseó las buenas noches. ¡Qué candidez!
Sobre las 12 del día, quedaron en el ferial para tomar un aperitivo en una de las terrazas allí instalada. Adela le confesó que deseaba salir del pueblo y de ese cerrado y feo ambiente para poder trabajar en una ciudad. A más lejos de allí mejor. Adolfo le dijo que precisamente su tía Isabel estaba buscando una dependienta para su negocio. Que pagaba bien y que la vivienda y la manutención estaba dentro del contrato. Madrid es una ciudad que te encantará. Mira, dijo Adolfo muy serio: te dejo el teléfono de mi tía y la llamas y quedáis en lo que sea.
Adela comentó a sus padres su decisión de trabajar. La madre dijo que era lo normal a su edad que allí en el pueblo se enranciaría como esos otras chicas que sus treinta años de edad se casaron con ganapanes del lugar para no salir jamás de la miseria. El padre, alcoholizado e idiotizado a perpetuidad, dijo: haz lo que quieras, una boca menos en casa es bueno.
Adela llegó a Madrid junto al guapo Adolfo. Se bajaron del AVE y en la misma estación de Atocha, en una de sus cafeterías la esperaba Isabel, la tía del chico.
Tres meses después de la llegada de Adela a Madrid se encontraba en un bar de copas sirviendo en la barra a una clientela de hombres, más viejos que jóvenes, que buscaban el aturdimiento con el alcohol y con la posibilidad de un encuentro amoroso con algunas de las jovencisimas camareras del lujoso local.
Adela vivía en un piso en la zona de Costa Fleming que compartía con tres otras camareras, eso sí cada cual tenía su dormitorio. A Adela le gustaba su nueva vida, tan diferente a la de su triste pueblo. Adolfo ¿su novio? la visitaba con cierta frecuencia, salían junto y lo pasaban muy bien. Se enamoraron y ella quedó preñada.
La vida es muy cara en Madrid si deseas vivir bien como ahora. Necesitamos ganar dinero, mucho dinero. Tú para poder pagar la costosa guardería de tu hija. Y yo, para sacarte por ahí aunque por desgracia, me quedé sin trabajo¡Esta crisis!
Adela aceptó sin mucho dudar el negocio que le propuso su novio. Acostarse con un señor sesentón a cambio de recibir mucho dinero. Ella tenía ya 19 año de edad y él, el "invitado" podía ser su abuelo. Meses después Adela abandonó los escrúpulos fisicos y morales y se acostaba, de lunes a viernes, con todos los invitados que le enviaba Adolfo. El dinero es el dinero. Por le general los clientes eran directivos de empresas asentadas en los alrededores de la Castellana. Eran pulcros y rápidos haciendo el amor. Nada de guarrería ni fantasías sexuales extrañas. Todo era muy limpio, muy clínico.
-Oye, Adolfo, tenenos que liquidar cuentas - dijo por teléfono Isabel a su supuesto sobrino.
- La tapadera de Isabel era una pequeña empresa de alquiler de viviendas. Siéntate -ordenó ella mientras se quitaba las gafas. Esta temporada de captación te ha ido bien. Me has traido a cuatro chicas, menores de veinte años y muy aptas para mi negocio. Son dieciocho mil euros que te has ganado en menos de tres meses.
Adela vivía bien. Parte de sus ganancias era para su amado, chulo y bello Adolfo que a su vez pagaba una parte a Isabel, la madam.
¿Qué podia hacer yo? Se dijo Adela cuando pensaba, un raro acto en ella. Hay que vivir, tengo muchos gastos, pero vivo a mi gusto. Tengo amigos importantes, un bonito apartamento junto a la Castellana y un precioso coche y lo mejor de todo, tengo una hija de dos años que es una preciosidad.
¿Cómo le va a tu niña en Madrid? Preguntaban las vecinas a la madre de Adela. Bien, muy bien, tiene una colocación muy buea.
Esta cree que en el pueblo no se sabe que su hija trabaja con ésto y se señalaba la mujerona, sin disimulo, sus ingles.
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