Andén 5: Caronte

Andén 5: Caronte

(Un cuento "de muertos" para el mes de noviembre)


Frisco Altares, cantante popular de regatón, un imbécil de poco talento pero de mucha suerte y éxito, llegó al andén de la estación de trenes de una gran ciudad. Principios del mes de noviembre. Un gentío abarrotaba la plataforma esperando el Tren con destino a la Laguna Estigia. Frisco no se enteraba o no quería  enterarse que él no era él, sino su alma. Que su vida corporal había finiquitado cuando su Porsche se estrelló contra un pilar de un puente de la autovía A 26.

Frisco vio con desesperación que los esperantes estaban todos muy tristes y silenciosos. En su idiotez congénita no quiso saber que todos ellos eran espíritus a la espera del gran final. 

¡Qué caras de pena tenéis, alegraos! Exclamó el alegre Frisco a los viajeros.


Ya llega, ya llega. Dijo un alma contrahecha y fea. Por ahí se divisa los vapores y el humo de la locomotora. 

Los viajeros esperantes que estaban en primera fila del andén doblaron sus espinazos, formando ángulos de  casi noventa grados, para ver como se agrandaba un punto oscuro que rezumaba humos por todos los lados.


Frisco notó que se vio sin equipaje ni billete alguno. No importa, oyó decir a alguien. Para ésto no hace falta muchos preparativos. Nuestras conciencias es lo único que vale; si viviste en armonía con tu vida  Caronte y el Cancerbero te dejará pasar al huerto, por lo contrario te empujarán hacia la caverna de los horrores, si fuiste un cabroncete en tu vida.


Frisco subió a su vagón y se sentó junto a una anciana de aspecto bondadoso que en sus acuosos ojos reflejaba miedo.

- Buenos días -saludó Frisco por cortesía.

-¿Buenos qué? Preguntó con acritud la vieja.

-Yo voy donde voy pero sin saber a qué voy

-No sea usted ingenuo. Todos somos almas pendiente del pesaje de nuestras acciones y cuando crucemos por el viaducto de la Laguna Estigia alcanzaremos nuestro eterno destino.

-Esto me da mal rollo. ¿Y si yo no quiero?

-Usted es joven e impulsivo y no comprende esta obra de teatro final: nacer, vivir y morir. Todos nosotros (en la Otra Vida no hay géneros sexuales porque estamos en esencia y no en presencia) en realidad allí somos nadie.


Por favor espíritus imperfectos, rellenen los impresos antes de pasar por la aduana- ordenó el que parecía ser un funcionario del tren-  Sean sinceros y no intenten engañar. Añadiendo: los colaboradores de Caronte se la saben todas. No olviden incluir una moneda, no importa su valor, cuando introduzcan la declaración en el sobre. Es todo un símbolo, pues traerlos a todos a esta lado de la vida es más costoso de lo que parece.


-¿Algo que declarar?

-Por supuesto que sí, contestó Frisco con altivez. 

-Lo de todos: que yo no quería, que me obligó la ciscunstancia para meterme en ese tren de merde.

-El siguiente, gritó el funcionario del Averno dando un  fuerte empujón al famoso cantante de regatón.

- No me empuje usted. Ya reclamará mi representante contra su conducta vil hacia mí que soy Frisco Altares, el cantante más famoso de regatón del mundo. ¡Usted no sabe con quién está tratando!



 

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