Un fascista peculiar: Yukio Mishima
Un fascista peculiar: Yukio Mishima
En la actualidad se ha puesto otra vez de moda el vocablo fascista que nada tiene que ver con aquella ideología política de antaño.
Me viene a la memoria aquel interesante libro-ensayo del doctor don Juan Antonio Vallejo-Nájera "Mishima o el placer de morir" sobre la vida del escritor japonés que se hizo el harakiri por no poder ver cumplido sus deseos... fascistas.
"Mishima fue un alumno brillante, de salud delicada, que supo superarse, esculpió su cuerpo a base de gimnasia y levantamiento de pesas, le costó trabajo superar su timidez y forjó un "ejército" privado de seguidores siendo ya conocido en Japon como un escritor de cierta fama hasta que se hizo el espectacular seppukin o harakiri en el año 1970."
Nos cuenta el Dr. Vallejo-Nájeras: Al enfrentarme por primera vez con Mishima, como historia clínica, me extrañó esta exposición al público de su homosexualidad y sadismo, sin importarle su fama personal ni el buen nombre de su familia.
Confiesa Mishima en su autobiografía: "Hoy no pretendo prescindir de todas las normas de conductas tradicionales, y el japonés moderno descubre que al mismo tiempo ha perdido la base para una moral auténtica. En nuestros corazones, tantos siglos templados en el codigo del honor, ha brotado una extraña paradoja que sin etiquetas no tenemos moral.
Mishima recuerda que desde que el emperador anunció que él no era un dios provocando que algunos súbitos se hicieran seppuku como reproche a esta revelación forzada por los americanos vencedores de la guerra, ya no había vuelta a producirse ningún hara-kiri por honor en todo el Japón. Nos recordó que al firmar Japón la rendición más de quinientos oficiales y soldados se suicidaron por patriotismo porque no podían vivir bajo tal humillación .
Mishima era un narcisista notable, como todos los fascistas que hubo y hay en el mundo. Tiene él un anhelo de comprobar que existe, se nota distante y diferente a las personas que le rodean. Posee un acerado complejo de superioridad.
Mishima es un fascista con una misión: demostrar su fascismo. Agrupa en torno a él un grupo de adeptos. Los ritos de iniciación para formar este selecto grupo de fascista-neuróticos jóvenes es novelesco: hacen un juramento de sangre bebiendo un sorbo de la sagre, vertida en un vaso, de todos los asistentes al acto. Con el tiempo Mishima forma una milicia que se aloja y entrena al pie del monte Fuji. En el año 1969 esta milicia, llamada Tate-no-kei, cuanta ya con ochenta seguidores armados.
El objetivo principal de Mishima y sus adeptos consistía en asaltar una guarnición, apresar a sus mandos y arengar a la tropa para que se pasara a su grupo.
Mishima llevó su plan. Decidió apresar al teniente general Kanotoshi en su propio cuartel. Con un subterfugio y por tener cierta amistad con el militar logró Mishima y dos colaboradores penetrar en el despacho del mando militar. Lo ataron a un sillón y le taparon la boca. El fanático Mishima dio a conocer en el cuarel y a todo Japón una lista de condiciones para liberar a Kanotoshi exigiendo, entre otras cosas, que los mil soldados de la guarnición formaran en el patio para escuchar su arenga fascista.
Pero falló el asalto tal como lo tenía planificado. Mishima se queja a sus dos compañeros: Creo que no me han entendido bien. Tomando él la espada corta se la clava en el abdomen mientras su compañero Morita levanta en alto la katana y le corta la cabeza.
¿Fue Mishima un fascistas soñador o un poeta neurótico al que le siguieron en sus excentricidades cretinos expectantes?
El fascismo está entre nosotros, extendido por todo el mundo, en países poderosos e incluso en países tercermundista. Es un mal difícil de erradicar, como son todas las ideologías.
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