Sanlúcar de Barrameda y sus amantes famosos

Sanlúcar de Barrameda y sus amantes famosos.


Para que existieran estos amantes tuvo, como es lógico, que haber existido tres queridas: La Duquesa de Alba, Pepita Tudor y la Infantona. 


La Duquesa de Alba.

Escribe un biógrafo de Goya que cuando el pintor era mayor tuvo un largo romance con la duquesa de Alba, viuda joven, bella y casquivana.

Ramón Gómez de la Serna escribió: "Hay una excursión de Goya a Sanlúcar de Barrameda donde Goya publicó unos dibujos inéditos y personales que pasaron a la colección de Carderera. Unos dibujos de un álbum donde Goya dibuja mil posturas y arrumacos que él hace a la duquesa de Alba; incluso el pintor se escandalizó de estos dibujos y escribió que era una locura guardarlos  pensando en la censura y en la Inquisición, todavía vigente."

Hay autores que sostienen que Goya pintó la Maja Desnuda en Sanlúcar y otros en el Palacio de Liria.


Pepita Tudó.

Esta dama fue durante un tiempo la amante del todopoderoso Manuel Godoy. El amante le compró una casa señorial en Sanlúcar de Barrameda, en la calle de las Descalzas.

Pepita Tudó era natural de Cádiz, era una aristócrata con largo nombre: doña Josefa Petra Francisca de Paula Tudó y Catalán Almany y Lueria, Princesa de Bassano y Condesa de Castillo Ficel. Esta bella mujer convivió con Godoy por muchos años incluso cuando éste casó con María Teresa de Borbón.

Godoy se prendó de ella cuando la vio por primera vez a sus 17 años de edad, su belleza era notable.

Cuando Godoy  enviudó y pasó al exilio pudo por fin casarse con su amante Pepita Tudó.


La Infantona.

Carmen Giménez Flores era una joven jornalera apuesta, hermosa y de una belleza extrema. Nació en Cabra, Córdoba y muy joven marchó a Madrid a trabajar de criada porque en su pueblo se moría de hambre. Trabajando de sirvienta una paisana le insinuó que podía ganar unas pesetas extra si algunos días le acompañaba a un sarao privado de señoritos de la alta sociedad madrileña que solían montar en un palacete de Recoletos.

En unos de esas fiestas de "todo vale" Carmen conoció a un señorito, de mediana edad y aspecto apocado, que quedó prendada de ella y de sus habilidades eróticas. 

Resultó que el señorito encoñado  de Carmen era nada más y nada menos que don Antonio de Orleans, infante de España y duque de Galliera, sobrino de la reina Isabel II y primo hermano del rey Alfonso XIII.

A pesar de estar casado don Antonio con la hija de la reina no dudó en convertir a la hermosa Carmen en su amante oficial. Esta joven, de temperamento astuto y casi inteligente le sacó al infante una fortuna y por supuesto un título nobiliario: el Vizcondado de Termens en el año 1910.

El infante, su esposa e hijos vivían en el palacio que tenían en Sanlúcar y a esa ciudad se llevó don Antonio a su querida para la que le construyó una casa-palacete en la plaza de Cabildo.  Nada pudo hacer la familia para poder despegar al ya viejo don Antonio de su vizcondesa amante hasta que sus hijos se hicieron mayores y pleitearon con doña Carmen para devolverle parte de lo que ella había sacado a su amante.

 Por fin don Antonio pudo ser repudiado y se exilió en París donde murió en 1930. 

   

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