El vuelo DYS 2346

El vuelo DYS  2346


Jacinto Buenhombre viajó a Australia para visitar a su hija Marta , profesora de español en The University of Sidney. Hacía dos años que no veía a su brillante hija que a sus 26 años de edad obtuvo una plaza de profesora en aquella lejana universidad.

Jacinto recogió su ligero equipaje de la cinta transportadora y se dispuso a salir del aeropuerto cuando unos agentes de aduana lo interceptaron.

Sobre un largo mostrador estos agentes abrieron la bolsa de mano y la maleta y husmearon entre sus ropas y libros. No hallaron nada prohibido. Después le conminaron a sacar todo lo que llevaba en sus bolsillos. Jacinto quedó petrificado  cuando sus dedos notaron el tacto de una bolsa de papel del tamaño doble al de una bolsita de te. La sacó y los agentes comprobaron que era una bolsa con varios gramos de cocaína.

-¿Qué es ésto? -preguntó con voz neutra, uno de los funcionarios.

-No se, ni se quién puso esto en el bolsillo de mi gabán.

-En este momento queda usted detenido- le dijeron mientras le leyeron sus derechos.


Después de la detención Jacinto fue trasladado a una comisaría donde le permitieron realizar una llamada antes de pasar al calabozo. Jacinto llamó a su hija y le contó lo sucedido. No pasó una hora cuando Marta, acompañada de un colega de la universidad se presentaron en el recinto policial de George Street.

-Es un caso claro, su padre fue atrapado en fragante delito intentando pasar por la aduana esta droga- dijo un policía con cara de ganadero de ovejas.


Marta y su amigo hablaron con Mr. Peter Hawking, el rector de la universidad, un personaje con grandes influencias en la ciudad. Consigueron con muchas dificultades que revisaran las cámaras de vigilancia del aeropuerto. Visionaron las imágenes y en una secuencia se ve que un individuo, que hacía fila e iba detrás del padre de Marta, sacaba de su bolsillo algo y lo introducía con sigilo en el bolsillo derecho del abrigo de Jacinto. Ampliaron la imagen y se vio el sobre maldito de cocaína.


De vuelta en Madrid, cuando le preguntaron a Jacinto , los compañeros de oficina,  que tal fue su viaje a Australia, éste contestó que fenomenal. Su hija iba muy bien con su puesto en la universidad, añadiendo que Australia era un país hermoso y que sus gentes eran muy amables. ¿Comprenderían sus amigos que él pasó el mayor susto de su vida cuando le encotraron aquella maldita bolsita que un desalmado, que por cierto pudieron detener después, introdujo en su bolsillo mientras esperaba turno en el control de pasaportes? Algunos sí lo creerían, otros dudarían e incluso podrían pensar: míralo tan formal y engachado a la coca.


  

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