Un libro leído: Amado Mundo Podrido

Amado Mundo Podrido


Autor: Julio Manegat


En la solapa de esta novela leemos: " El autor nos ofrece una fantástica y singular aventura vivida por una familia barcelonesa un domingo del verano de 1974"


-Cada vez se me quita la ilusión de ir a la playa en domingo.

-Sí, tienes razón; si no fuese por los niños. Aunque ya son ganas de pegarnos una paliza de carretera, con el calor que hace y lo incómodos que vamos. Porque mamá, aunque no está muy gruesa, ocupa lo suyo. Y Rafael con sus once años. Y  María. Y éste,  encima de mis rodillas, que me hace sudar más."


"Otros domingos, muy cerca de la ciudad, pudo dejar su Seat 124 casi al borde de la misma arena. Pero no este domingo, parecía que todos los barceloneses se habían lanzado a la carretera en busca de una playa"


"La familia del 124 buscaron otra playa más lejana, donde suponían habría un lugar para aparcar. Pararon en un pueblo costero y el papá dijo que ya no aguantaba más, que tenía que dar la vuelta hacia Barcelona.

-Mamá, tengo pipí

-Y yo también - dijo la abuela

-Párate en cualquier sitio. Ahí, en ese recodo.

Apenas pararon el 124 un individuo uniformado y con cara de poco amigo les gritó: ¡Oiga, usted, aquí no puede estacionarse."


"Los bocadillos que llevaban para la playa fueron comidos dentro del coche en marcha. Eran las tres de la tarde y aún no lograron encontrar un lugar para aparcar que estuviera cerca de una playa.

-Mamá, dijo María, me parece que me ha venido eso. ¡Qué asco!

-No te asustes, María. No es nada anormal"


"Se hizo de noche, la familia del 124 tuvieron que dormir en un mesón, una especie de santuario o castillo. Un caballero o posiblemente un obispo, el propietario, preguntó:

- ¿Y ustedes, hijos, si me lo permiten, qué hacen aquí?

-Eminencia, se puede confiar en usted -confesó Teresa, la mamá del 124 - mi marido y yo estamos profundamente desconectados.

-Algo raro me pasó, Eminencia. Cuando salimos de Barcelona a la playa yo estaba bien, normal y ahora, de pronto, estoy embarazada de siete meses."


"Por fin pudieron llegar de vuelta a Barcelona. Agustín, el papá del Seat 124, aparcó en una calle mal iluminada. Se apeó y buscó su casa aunque se sorpredió al verse frente a la catedral de Westminster.

Volvió aturdido al coche. Ya no tenía miedo de mirar cuanto el vehículo albergarba y vio a Teresa  y a los niños, todos muy viejos.

Agustín, entonces, con una dolorida serenidad, supo que no se sorprendería cuando al mirarse en el espejo retrovisor  contempló su propia imagen, una amarillenta y resquebrajada calavera" 



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